“Es miope nuestro viejo amigo. También es hemofílico. Doblemente enfermo y doblemente frágil. Y, no obstante, con paciencia, con obstinación, en las galerías subterráneas, va sonriendo mientras hace su trabajo de zapa hacia nuevas irrupciones”
(Daniel Bensaid)
¿ES NECESARIA UNA NUEVA FUERZA?

En el debate que emprendemos el llamado bloque critico de Ezker Batua se oyen a menudo voces que nos plantean la cruda realidad en que nos encontramos la izquierda alternativa. Frases tales como: “Fuera hace mucho frío” o “No hay espacio para otra fuerza electoral” son bien conocidas y además tienen una buena base real, como para no tenerlas en cuenta. Ahora bien, tenerlas en cuenta no puede ser motivo para el inmovilismo.
Hace mucho frío. Es cierto. Hoy la izquierda alternativa y transformadora esta totalmente desperdigada. Aún más en Euskadi. Hay compañeras y compañeros en Zutik, en Aralar, en EB, desperdigados en los movimientos o refugiados en casa. Pero no es menos cierto, que ninguna de las fuerzas realmente existentes juegan el papel que algunos de nosotros/as creemos que debe ser el papel de la izquierda en los momentos actuales.
Para nosotros y nosotras la izquierda transformadora no debe ser un mero aparato gestor de un sistema político-económico y social injusto. Luchamos por otro mundo que creemos posible, aunque hoy esté lejano. La izquierda institucionalizada se ha olvidado de esto y ya sólo pretende, o aspira, a gestionar los espacios institucionales que ocupa tras unos resultados electorales mejores o peores. Curiosamente, cada vez peores y cada vez cediendo más terreno al liberalismo. En las formas y en el fondo de su práctica política.
El espejismo gobernantista de la izquierda transformadora ha tenido dos ejemplos espectaculares, más allá de los propios casos de IU y de EB, en su adaptación a la política institucional y “realista”: el PT en Brasil y Refundazione en Italia. De esas experiencias deberíamos aprender lo que no se debe hacer.
Hoy, no nos engañemos, no hay un debate real entre un supuesto reformismo transformador y los llamados revolucionarios. El debate está en la adaptación a las políticas liberales o social-liberales o la potenciación de resistencias antagónicas con este sistema.
Seria un error plantearse si hace frío fuera o no si, a su vez, no miramos qué se puede hacer todavía dentro. Y hay que decir la verdad: que desgraciadamente dentro ESTAMOS CONGELADOS. Congelados para desde esta organización, desde EB, poder acercarnos a sectores jóvenes nuevos que desconfían mucho de las organizaciones institucionales, o para acercarnos a los aun pocos movimientos sociales activos en Euskadi. Y es que, sin duda, si no queremos alejarnos de ellos debemos tomar distancia de la propia organización en la que hemos venido participando. En EB no hay espacio para atraer a lo nuevo ni para “resucitar” a lo viejo.
A parte de esto, nos tendríamos que hacer la pregunta: ¿Espacio y pryecto político para que? ¿Espacio para tener unos millares de votos que nos den representación y con eso, simplemente, seguir sobreviviendo? Nosotros no debemos hacer de menos a la representación institucional, pero desde luego no creemos en ella, como el principal instrumento para el cambio social. Para nosotros, esta es una labor más que, además, está ligada a la capacidad de la sociedad para modular sus posiciones, bien cada vez más a la izquierda o bien cada vez más hacia la adaptación al sistema.
Hoy esta claro, que nuestra sociedad está en una fase de derechización política y que quien tiene la iniciativa, es esa misma derecha. Que la sociedad, los ciudadanos, se encuentran en la encrucijada entre una política antisocial y la adaptación de las llamadas izquierdas institucionales a esa realidad.
Entre la izquierda del PSOE (gestionadora de un sistema de forma cuasi-liberal), el PNV con posiciones parecidas, más o menos progresistas en abstracto y una izquierda abertzale autista políticamente con su sociedad…. ¿Hay un espacio?
Nosotros creemos que sí. Que hay un sector amplio de la ciudadanía que busca otra forma de hacer política, que cree que es necesaria la participación ciudadana de base, que es necesaria la resistencia ante los envites económicos, políticos y sociales del sistema… Que cree que es posible otro mundo.
Una parte de esa gente votó Ezker Batua, otra se abstuvo, y otra ha abandonado ya el voto a EB cansada de las políticas sucedáneas de Ezker Batua y de la propia IU, donde sus lideres aparecen mendigando una consejería o un ministerio previo a las propias elecciones. Estos sectores se sienten abandonados en sus reivindicaciones sentidas y van poco a poco o votando el mal menor o engrosando la fila de los desencantados abstencionistas. IU y EB están provocando más el desánimo y la desmovilización que no una verdadera corriente ilusionante que anime a enfrentar los retos sociales y políticos que tenemos delante.
¿Hay espacio para un proyecto nuevo, alternativo y anticapitalista? Lo hay… y si no…, pues si lo que creemos es en la necesidad de la transformación del mundo… LO HEMOS DE CREAR. Sin duda es necesaria una nueva fuerza y es un error plantearse la pregunta sobre este espacio únicamente desde los “previsibles” resultados electorales.
¿Alguien cree que Ezker Batua ocupa todo este espacio? ¿Alguien cree que Madrazo tiene en su mente, más allá de rebañar unos pocosvotos, ser él quien ocupe el espacio real de la construcción de la izquierda transformadora? ¿Alguien cree que desde esta organización “profesionalizada” en la gestión, o desde el pacto con los grandes partidos nacionales de los que depende, o desde el anquilosamiento burocrático va a ser posible que EB se convierta en la representante de los ciudadanos a los que desde una ideología como la nuestra nos queremos dirigir?
Honestamente, no lo creemos… Ya no!! Ya se paso ese tren para Ezker Batua y para IU. Los vientos que soplan en Europa, en el Estado Español, en Euskadi, no son esos.
¿Alguien piensa que las afiliaciones del año 2007 (no las del 2008) son una casualidad? Hoy hay sectores de la juventud que nacen incipientemente a las preguntas políticas y a las reivindicativas (LOU, Bolonia, Ecología, Precariedad,…) y que para nada se sienten identificados con las organizaciones políticas hoy existentes y que, sin embargo, están dispuestos a dar el combate, a avivar las brasas de épocas pasadas y continuar la lucha contra el capitalismo.
TOC…. TOC. ¿Hay alguien ahí?
El debate dentro o fuera, tiene desde nuestro punto de vista, otro error acumulado al ya señalado en la primera parte. La herramienta que es necesaria construir tiene que ser independiente de los aparatos.
Es claro que si estamos de acuerdo en que las organizaciones son medios y nunca fines en si mismos, entonces estaremos de acuerdo en que como gentes de izquierda alternativa, transformadora, revolucionaria o como cada uno se quiera llamar, la tarea, el fin, es la transformación de un sistema injusto y que los medios son solo una herramienta.
Además, si estamos de acuerdo en que este sistema “democrático” electoral solo representa el apoyo de unas fuerzas políticas, que obtienen sus votos de la ciudadanía, y que este apoyo se encuentra deformado y mermado por la existencia de una bolsa de un 30% de abstención, de la que una parte de ese abstencionismo es en una gran medida el fruto de la desconfianza hacia el propio sistema y hacia los partidos de la izquierda que se aprovechan de él. Entonces tenemos que recuperar a esa gente, pero con nuevas herramientas capaces de ser atractivas, si no para la mayoría social, sí al menos para las minorías más críticas, activas y dispuestas de nuestros pueblos y barrios.
Si por otra parte, si tampoco confiamos en que la posibilidad de transformar este mundo sea a través del “gobernantismo” y de la subalternidad a otros proyectos, sino que creemos en la necesaria autoorganización de los ciudadanos, para que sea a través de su acción política, social, de lucha la que obtenga los cambios necesarios de los gobiernos o el que estos giren hacia la gestión social “progresista”, entonces tendremos que construir la herramienta política más eficaz para ello.
Si además consideramos, que la herramienta fundamental para trabajar esa transformación social es la organización y la militancia y no un aparato electoral para el voto… ¿Entonces qué debemos hacer? ¿un partido dentro?, ¿hasta cuándo?.
Analicemos qué tiene Ezker Batua para que esa herramienta, ese espacio o medio. EB pasó de ser de una formación que aspiró a ser “movimiento político-social” para luego acabar convirtiéndose en otra “electoral-mediática” en la que la militancia se cambia por la “profesionalización”, en la que el papel del grueso de la militancia ha ido viéndose limitado a ser mera espectadora de los comunicados elaborados por la “profesional” oficina de prensa. Con muerte en vida de la mayoría de las asambleas locales.
Lo grave de la crisis terminal de EB, con lo importante que es, no ha estado tanto en la menor cantidad de votos obtenidos últimamente, sino, sobre todo, en que se dan en un momento en el que EB ha dejado de ser un “partido de lucha”; justamente como consecuencia de haber sufrido el mismo proceso de “gubernamentalización” que caracteriza a los grandes partidos en el Estado español y en la mayoría de los países de Europa.
Lo grave es que en Ezker Batua ya no hay base social a la que atraer a las tareas de construir una izquierda política, que se plantee su papel de izquierdas independiente para esa transformación, que se replantee la senda tomada de seguidísmo al gobierno de turno, hoy es al tripartito… mañana quizás a un supuesto gobierno de progreso PNV-PSOE o da igual a uno del PSOE.
Madrazo nunca ha tenido problemas con giros coperniquianos en su programa… La última experiencia es con las mociones éticas, este es ya, todo un ejemplo. Pasamos de ser “almejas” a tener como compañeros a Ferreras o Igor, que de opinar que los compas de Mondragón eran casi unos infumables por no apoyar las mociones éticas, a rechazarlas como medida de lucha contra las maniobras electoreras del PSOE. ¿Que ha cambiado?... NADA… solo que el PNV, ya no ve tan claramente lo de las mociones.
Como ya hemos dicho, la importancia de las organizaciones de izquierda estriba en su papel de cara a la transformación de la sociedad en que vivimos.
EB se ha convertido en un aparato “mediático-electoral” donde en el mejor de los casos se han refugiado los votos de una izquierda con poco punch electoral, dado el retroceso de las izquierdas transformadoras tras las derrotas de los últimos años.
Pero ante las nuevas generaciones de luchas, que es previsible que se avecinen ante el avance inexorable del liberalismo y la adaptación de la izquierda tradicional a él, esa izquierda “mediática” ha dejado de ser un referente organizativo en el conjunto de Europa y en el estado Español también.
En EB no hay base social para la reconstrucción política en su seno. No parece haber, por lo tanto, atajos desde dentro de EB en el camino necesario hacia un giro a la izquierda, por lo que, como hemos repetido en otras ocasiones, se impone “volver a empezar”: iniciar una nueva etapa de acumulación de fuerzas basada en la centralidad de las redes de los movimientos sociales alternativos y en la búsqueda paralela de nuevos marcos de trabajo en común entre los sectores críticos de EB e IU y los que están fuera de esta formación y apuestan por una izquierda anticapitalista y alternativa.
La convergencia dentro de esas redes es lo que puede favorecer nuevos pasos en la confluencia política, ya que de nada sirven las referencias identitarias esencialistas (“comunistas”, “trotskistas”, “ecosocialistas”, “republicanas”...) sino hay una praxis común en torno a un proyecto, una estrategia y un nuevo tipo de formación política capaces de generar nuevas esperanzas en que es posible reconstruir una fuerza de izquierdas anticapitalista, alternativa y autónoma frente al social-liberalismo.
No podemos asumir tranquilamente nuestra “derrota” cayendo en el desánimo, perdiendo la referencia de la acción política organizada como motor del cambio social. Si decimos que existe un espacio para una izquierda de combate, resistente y deseante no podemos asumir que su construcción es un trabajo demasiado arduo. Lo será, está claro, pero en cualquier caso será infinitamente más ilusionante que intentar, por enésima vez, un cambio desde dentro de IU y de EB. Esa es ya una vía fracasada.
¿NOS PUEDEN ESPERAR?
La crisis de la izquierda en Euskadi tiene sus propios ritmos y tiene sus propias necesidades al margen de lo que nosotros preveamos.
Hay una crisis larvada en Zutik, la hay en Aralar, en Ezker Gogoa... Hay sectores de movimientos sociales que están ante el dilema de que hacer ante la falta de clarificación de la izquierda abertzale ante la huida hacia delante de ETA. Esa crisis de la izquierda es la base de una posible convergencia alternativa y transformadora.
Pero también tenemos claro que esta reconstrucción de una izquierda alternativa no pasa sólo por la elaboración de documentos, de grandes y bellas palabras. Pasa, sobre todo, por reconstruirnos en las luchas sociales que, débiles, fragmentadas y desorganizadas, se están dando: contra el ataque a los servicios públicos, contra los derechos de las personas inmigrantes, por el derecho a una vivienda, por el derecho a la ciudad y al espacio urbano etc. Solamente ahí y desde ahí tiene sentido la izquierda. Solo ahí y desde ahí tienen sentido las organizaciones políticas de nuevo cuño.
La ciudadanía no entrega en plazos rápidos sus votos a una u otra opción. Debe ser ganada a través de la demostración durante años de ser merecedor de la confianza en que se dice y se vota como se lucha.
Construir esa izquierda alternativa amplia en Euskadi supone dar ya los primeros pasos para su confluencia. Supone adaptar los ritmos de las gentes que se pueden sentir participe de ella sin prisas electoralistas, ni apuestas que dejen a gente fuera del proyecto. Hay que tratar de combinar nuestros posibles ritmos diferentes.
Plantearnos hoy un partido autoproclamado no puede hacer sino crear dudas en los posibles compañeros en la construcción de un proyecto de este tipo sobre la participación unitaria en el mismo.
Creemos que hay que trabajar en un PROCESO CONSTITUYENTE en el que podamos hacer un buen debate con el conjunto de compañeras y compañeros proclives a trabajar por la construcción de una izquierda anticapitalista. Un proceso, mas tranquilo y pensado en el largo plazo. Un proceso democrático desde la base, sin apriorismos ni ventajismos, sin falsas proyecciones y siendo lo suficientemente honestos y valientes para, partiendo de una “derrota”, atrevernos a pensar que el “mundo puede cambiar de base”.
La tarea ahora es tratar de compaginar esos plazos mediante la puesta en marcha de herramientas útiles para ese debate y para que los/as compañeras críticos nos podamos sentir cómodos en una organización que nos posibilite el debate democrático, la realización de confluencias y complicidades.
Las prisas nunca son buenas compañeras. Tampoco la espera eterna, y sin estrategia, a que el viento sople en otra dirección.
Rubén, Joseba, Marcelino, Mikel, Javier PH, Xavier Arrizabalaga, Pepe Pinto